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dimecres, 29 d’agost de 2012

Desobediència civil --- Desobediencia civil

[Entrada 191]


Desobediència civil



La desobediència civil és el rebuig actiu a obeir certes lleis, demandes i ordres d'un govern, o d'un poder internacional d'ocupació. És un dels principals mètodes de resistència no-violenta. Fa poc temps a Écija hi va haver un acte d'aquest tipus. El membres del Sindicato Andaluz de Trabajadores van entrar en un supermercat i es van endur tot d'aliments per a la gent a l'atur que no podia comprar-los. Òbviament no els van pagar. El govern central ha convertit aquest acte de desobediència civil en un "assalt" i ha tractat als membres d'aquell sindicat que el van perpetrar com a vulgars delinqüents. Doncs bé, un teòleg, José Ignacio González Faus, ha adreçat la carta, que adjunto, al Sr. Jorge Fernández Díaz, ministre de l'interior. Em sembla que val molt la pena.

Una abraçada.






Desobediencia civil



La desobediencia civil es el rechazo activo a obedecer ciertas leyes, demandas y órdenes de un gobierno, o de un poder internacional de ocupación. Es uno de los principales métodos de resistencia no-violenta. Hace poco tiempo en Écija hubo un acto de este tipo. Los miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores entraron en un supermercado y se llevaron alimentos para la gente en paro que no podía comprarlos. Obviamente no los pagaron. El gobierno central ha convertido este acto de desobediencia civil en un "asalto" y ha tratado a los miembros de ese sindicato que lo perpetraron como a vulgares delincuentes. Pues bien, un teólogo, José Ignacio González Faus, ha dirigido la carta, que adjunto, al Sr. Jorge Fernández Díaz, ministro del interior. Me parece que vale mucho la pena.

Un abrazo.



Carta al ministro del Interior sobre los sucesos de Écija. Una carta del teólogo José Ignacio González Faus

Mi querido señor ministro: Acabo de oír por radio sus declaraciones a propósito de los sucesos en el supermercado de Écija. Reconoce Ud. que hay mucha gente que lo está pasando mal, pero arguye con el clásico axioma moral: el fin no justifica los medios.
   Como el ideario de su partido apela a “los principios del humanismo cristiano”, me permito recordarle que según esos principios no hubo en aquella acción ningún uso de medios moralmente ilegítimos (en su legalidad no entro ahora).
   Los principios del humanismo cristiano proclaman que “en casos de extrema necesidad todas las cosas son comunes” (in extrema necessitate omnia sunt communia). Porque “la distribución y apropiación de las cosas que procede del derecho humano no puede impedir que estas cosas remedien las necesidades de los hombres. Por eso todo lo que uno tiene de más lo debe a los pobres para su sustento. Y si la necesidad de alguien es tan grave y tan urgente que hay que remediarla con lo primero que se tenga a mano… entonces cualquiera puede remediar su necesidad con los bienes de los demás, tanto si los quita de modo público como secreto; y esta acción no reviste carácter de robo ni de hurto”.
   Estas palabras no son del alcalde de Marinaleda ni del innombrable Carlos Marx. Son de Santo Tomás de Aquino, uno de los pilares de ese humanismo cristiano al que Uds. dicen seguir. Y puede verlas en la Summa Theologica (2ª 2ªe, cuestión 76).
   A ellas añadirá el cardenal Cayetano, gran comentador de Tomás, que un juez puede distribuir entre los necesitados el dinero sobrante de los ricos. Me pregunto, pues, si no están Uds. en el atolladero de aplicar la ley contra unos principios que dicen regular el ideario de su partido, quedando como embusteros ante la ciudadanía.
   Entiendo además que si Ud. esgrime ese principio de que el fin no justifica los medios, se volverá inmediatamente contra toda la política de este gobierno: para un fin de suyo legítimo y necesario como es rebajar nuestra deuda, ha recurrido el gobierno a medios inmorales (temo que quizás también anticonstitucionales) como son privar a mucha gente de derechos constitucionales, de los ingresos mínimos indispensables, abocarlos al hambre, a la desesperación, a la falta de asistencia médica indispensable, a tener que recurrir a unas Caritas ya desbordadas y a quedarse sin vivienda después de un enorme esfuerzo y encima con una deuda impagable para la que ni siquiera vale el principio lógico de la dación por pago.
   La mayoría de los medios que han aplicado Uds. para saldar la deuda española son inmorales y no se justifican por ese fin tan legítimo.
   Hace poco habló el presidente del Gobierno de posibles nuevos recortes en esa misma dirección, para reunir 65.000 millones de euros imprescindibles. Su gobierno debe saber que, en España, hay 16 personas que poseen ellas solitas unas fortunas cercanas a los 60.000 millones. Sólo 16 personas entre más de cuarenta millones de españoles. No creo pues que, a la luz del humanismo cristiano, pueda caber duda de cuáles hubieran sido los medios legítimos.
   Porque, por otro lado, se repite ahora que todo el dinero que nos va a prestar draconianamente la UE es “para tapar los agujeros de los Bancos”. Ya habíamos oído mil veces que el problema de nuestra deuda era sobre todo de carácter privado y no público; y ahora lo vemos confirmado al saber dónde van a ir esos primeros 30.000 millones que esperamos recibir el mes que viene. Los Bancos y sus agujeros han sido efectivamente los primeros causantes de nuestro desastre actual (sin negar ahora otros factores exteriores a España).
   Y lo fueron porque, para un fin de legitimidad muy discutible (como era el enriquecerse más y más) pusieron en juego medios absolutamente ilegítimos, otorgando préstamos que sabían que no podían ser devueltos pero de los que esperaban resarcirse con expropiaciones forzosas mucho más pingües de lo que se expropió en el supermercado de Écija.
   ¿Sabe Ud. cuántas viviendas inútiles son hoy propiedad de los Bancos? Un ministro del interior debe conocer ese detalle. Como sabrá también que a bastantes gentes ancianas y no muy letradas que tenían en Bankia unos ahorros de seis mil o diez mil euros que constituían toda su fortuna, se las engañó haciéndoles firmar un papel que “iba a ser su solución”, y se les convirtieron los depósitos en acciones, robusteciendo al Banco y debilitándolas a ellas al impedirles disponer de su dinero ahora que lo necesitan.
   Si Ud. está decidido a no permitir que para fines en sí legítimos se usen medios ilegítimos, no dudo de que, antes que al alcalde de Marinaleda y su grupo, llevará Ud. a los tribunales a una serie de banqueros de cuyo nombre prefiero no acordarme para esperar a que los investigue la justicia.
   O mejor: déjeme decirle que dudo mucho de que Ud. se atreva a hacer eso que sería tan justo: porque son esos Bancos quienes financian buena parte de sus campañas electorales que, tal como están, son otro medio ilegítimo que no queda justificado por el fin de ganar unas elecciones. Y, por supuesto, esto último no vale sólo para su partido sino también para otros del Estado.
   Puedo equivocarme como todo ser humano. Pero siempre he tenido la impresión de que, en su partido, suelen argumentar apelando a grandes principios universales indiscutibles, pero que no se aplican al caso concreto que se discute. Y que además suelen exigir a los demás lo que no se exigen a Uds. mismos. Debo confesar que las declaraciones suyas que acabo de oír por radio, me confirman una vez más en esa impresión.
   Gracias por haberme leído. Quedo de Ud. atentísimo,

dissabte, 25 d’agost de 2012

La veritat sobre el deute --- La verdad sobre la deuda

[Entrada 190]


La veritat sobre el deute


Per si algú de vosaltres encara creia que les retallades eren imprescindibles per salvar aquest país d'alguna cosa us presento aquest text d'en Vicenç Navarro, una autoritat de categoria indiscutible en aquest temes, que revela que en realitat el que estem fent és salvar la banca europea que havia finançat la nostra bombolla immobiliària, més concretament la banca alemanya. Un deute que en conjunt podria arribar a col·lapsar l'economia alemanya. Com ens estan mentint el neoliberals del govern actual! Per cert, he sentit rumors que a Àustria s'està disparant una bombolla immobiliària semblant la que comento, els haurà agradat la nostra experiència?

Espero que l'article us interessi molt i que us agradi tant com a mi.

Una abraçada.






La verdad sobre la deuda


Por si alguno de vosotros aún creía que los recortes eran imprescindibles para salvar este país de algo os presento este texto de Vicenç Navarro, una autoridad de categoría indiscutible en estos temas, que revela que en realidad lo que estamos haciendo es salvar la banca europea que había financiado nuestra burbuja inmobiliaria, más concretamente la banca alemana. Una deuda que en conjunto podría llegar a colapsar la economía alemana. ¡Cómo nos están mintiendo los neoliberales del gobierno actual! Por cierto, he oído rumores de que en Austria se está disparando una burbuja inmobiliaria similar la que comento, ¿les habrá gustado nuestra experiencia?

Espero que el artículo os interese mucho y que os guste tanto como a mí.

Un abrazo.

El por qué de los recortes por Vicent Navarro [http://www.attacmadrid.org/?p=7314].
Vicenç Navarro. Consejo Científico de ATTAC. Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University


Una de las tesis que se promueven con mayor ahínco en los círculos neoliberales del país es que España entró y permanece en crisis por su excesivo gasto público y falta de disciplina fiscal. De esta tesis se concluye que hay que reducir el gasto público y recuperar la famosa disciplina fiscal, reduciendo el déficit público para alcanzar el nivel exigido por el Pacto de Estabilidad (el 3% del PIB).
   Esta tesis es fácilmente demostrable que carece de credibilidad. El Estado español era, en realidad, el modelo de rectitud ortodoxa neoliberal. Tenía un superávit en las cuentas del Estado en los años 2005, 2006 y 2007, y su deuda pública era de las más bajas de la Eurozona. Durante el periodo 2004-2007, tal deuda pública bajó del 46% al 36%. España no podía ser más modélica desde el punto de vista neoliberal. Los responsables de la política económica y fiscal del Gobierno español recibieron el aplauso de las autoridades europeas que gestionan y dirigen la Eurozona (desde el Consejo Europeo y la Comisión Europea al Banco Central Europeo) y como no, del Fondo Monetario Internacional.
   En realidad, la sensación de euforia era tal que el Gobierno socialista español, bajo la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, decidió bajar los impuestos, identificando tal medida con ser de izquierdas. Su slogan más conocido en aquellos años fue que “bajar los impuestos es de izquierdas”. Esta bajada de impuestos aumentó el déficit estructural del Estado, es decir, el déficit público, que determinan los ingresos y gastos estructurales y no coyunturales. Este aumento del déficit estructural permaneció ocultado o ignorado por el aumento de los ingresos al Estado, resultado de la situación coyuntural provocada por la burbuja inmobiliaria. Ahora bien, cuando esta burbuja explotó, el déficit estructural apareció con toda claridad y contundencia. Los ingresos al Estado bajaron en picado, resultado, en gran parte, de que la estructura fiscal del Estado español depende excesivamente de las rentas del trabajo y muy poco de las rentas del capital. Cuando la actividad económica se colapsó y el desempleo se disparó, los ingresos al Estado bajaron y mucho. De ahí el déficit público del Estado. No tiene nada, nada que ver con el aumento del gasto público, el cual, medido en gasto público por habitante, ha ido bajando, no subiendo. Y los datos así lo muestran. Se están recortando y recortando, y en cambio el déficit público apenas baja y el crecimiento económico está decreciendo. ¿Qué evidencia esperan los círculos neoliberales para poder ver que están profundamente equivocados?
   Por otro lado, un punto clave poco estudiado y con escasa visibilidad mediática es ¿por qué la burbuja inmobiliaria explotó? La causa primordial es que la mayoría del dinero que estaba detrás de la burbuja inmobiliaria procedía de bancos alemanes, franceses, holandeses, belgas, entre otros. En realidad el enorme flujo de dinero (lo que se llama inversión financiera) a España explica que la balanza de pagos (la diferencia entre el capital que entra y el que sale del país) se disparara en aquellos años de burbuja inmobiliaria. El hecho de que la banca europea alimentara a la banca española se debía, como no podría ser de otro modo, a que eran inversiones financieras extraordinariamente beneficiosas. Su rentabilidad era enorme. Pero cuando esta banca europea contaminada por los productos tóxicos procedentes de la banca estadounidense se paralizó, el dinero dejó de venir a España y la burbuja inmobiliaria explotó, creando un agujero en el PIB español equivalente a un 10% de su tamaño. Y todo ello en cuestión de meses.
   Ahora España tiene un problema enorme porque debe mucho dinero a los bancos europeos, que no puede pagar.
   Y los bancos europeos tienen un problema incluso mayor, porque han prestado tanto dinero a España y a los otros países intervenidos (Grecia, Portugal e Irlanda) que si éstos no lo pagan, tienen un problema gravísimo. En realidad, muchos de ellos se colapsarían. Los bancos alemanes habían prestado en 2009 la enorme cantidad de 704.000 millones de euros a los países PIGS (España, Grecia, Irlanda y Portugal), convertidos en GIPSI con la inclusión de Italia. Esta cantidad es muchas veces superior al capital en reserva de la banca alemana. Si estos países no pudieran pagar su deuda, la banca alemana colapsaría. El establishment financiero alemán y su Gobierno, presidido por la Sra. Merkel, es plenamente consciente de este hecho.
   Y de ahí su énfasis en que el objetivo prioritario de las políticas de austeridad que está imponiendo a aquellos países y de la supuesta “ayuda financiera” a sus bancos, sea el de que la banca alemana recupere el dinero prestado.

El objetivo de los recortes es salvar la banca alemana
   Y así nacieron las políticas de recortes. Como bien escribía recientemente nada menos que el editor senior del Financial Times, el Sr. Martin Wolf (25.06.12) el objetivo de estos recortes en España tiene poco que ver con recuperar la economía española y sí con que se pague a los bancos europeos, incluyendo los alemanes, lo que se les debe. Así de claro.
   Ahora bien, como las cosas no se pueden decir tan claro, el argumento que se utiliza por los economistas y políticos neoliberales, es que hay que reducir el déficit público para “inspirar confianza a los mercados financieros” de manera tal que éstos vuelvan a prestar dinero a España. Según tal argumento, la desconfianza de los mercados hacia España determina que la prima de riesgo española haya subido tanto, ignorando que el que marca los intereses de la deuda pública no son los mercados, sino el BCE, que es el lobby de la banca, y muy en especial de la banca alemana.
   El hecho de que el BCE no haya comprado deuda pública española durante más de tres meses es la mayor causa de que la prima de riesgo se haya disparado. Lo que le importa más a la banca alemana (y a su instrumento, el BCE) es que continúe la austeridad, que sigan y se profundicen los recortes por parte del Estado español a fin de que éste y la banca privada a la que el Estado español ha estado subvencionando y ayudando en cantidades exuberantes (más de un 10% del PIB) paguen ahora lo que deben a aquellos bancos europeos, incluyendo los bancos alemanes.
   Y los famosos 100.000 millones de euros que el Gobierno Rajoy ha solicitado de las autoridades que gobiernan la Eurozona irán destinados a continuar ayudando (todavía más) a los bancos, y todo ello financiado por el ciudadano normal y corriente que paga al Estado y sostiene la deuda pública. En realidad, incluso dirigentes del Gobierno alemán así lo han reconocido. Uno de los consejeros económicos del Gobierno alemán, Peter Böfinger, así lo ha dicho. “Las ayudas a la banca (de los países en dificultades) no tienen que ver con el intento de ayudar a tales países en sus problemas, sino ayudar a nuestros bancos que tienen gran cantidad de deuda de aquellos países” (Chatterjee, Pratap, Bailing Out Germany: The Story Behind The European Financial Crisis).
   En realidad, si de verdad tanto el Gobierno Rajoy o el Consejo Europeo desearan ayudar a la economía española, no transferirían estos 100.000 millones a la banca (que no ha estado ofreciendo crédito ni a las familias ni a las medianas y pequeñas empresas), sino a organismos estatales como el Instituto de Crédito Oficial (ICO), con el mandato de ofrecer crédito accesible y razonable (no el que provee la banca hoy) a la ciudadanía y a medianas y pequeñas empresas españolas. Tales transferencias públicas podrían también estimular el establecimiento de bancas públicas (tanto centrales como autonómicas) o cooperativas de crédito que garantizaran la existencia de crédito, uno de los mayores problemas que existe hoy en la España endeudada.
   Pero lo que las autoridades europeas desean más que nada es que la banca española y el Estado español paguen a los bancos alemanes, franceses, holandeses, belgas y otros lo que les deben, a fin de -según dicen ellos- recuperar la confianza de los mercados. Pero este argumento asume que existen mercados, lo cual es fácil de demostrar que no ocurre. En un mercado, la responsabilidad de un préstamo fallido es compartida. Es un fallo de la persona o institución que pidió el préstamo, pero lo es también de la persona o institución que ofreció el préstamo. Y esto no está ocurriendo. En esta situación se está penalizando al primero a fin de salvar los intereses del segundo. Esto es lo que está haciendo, entre otros, el Gobierno alemán, que acusa y critica al Estado español por haber permitido la formación de la burbuja inmobiliaria sin citar el papel clave que el Estado alemán y la banca alemana jugaron en el establecimiento y explosión de tal burbuja. No se puede hablar de prestatarios irresponsables sin hablar también de los prestamistas irresponsables. Y el Gobierno alemán está imponiendo las políticas de austeridad para asegurarse de que a la banca alemana irresponsable se le pague la deuda con intereses (que, por cierto, alcanzan niveles estos últimos que cubren varias veces el coste de la deuda en sí). Y así estamos.

dimarts, 21 d’agost de 2012

A l'infern de dos en dos --- Al infierno de dos en dos

[Entrada 189]


A l'infern de dos en dos


El pioner de la demografia moderna, i alguns dirien que també va ser el fundador de la bioestadística i el precursor de l'epidemiologia, va ser un pròsper comerciant londinenc, John Graunt (1620-1674), aficionat a les matemàtiques. Segons explica Daniel Boorstin en el seu llibre Descobridors:
Graunt acabava el llibre [Natural and Political Observations Made upon the Bills of Mortality, 1662] amb una pràctica defensa de l'estadística. «D'altra banda, si totes aquestes coses es coneguessin amb claredat i seguretat (que jo no he fet més que conjectures), es posaria de manifest que només una petita part de la gent treballa en activitats i professions necessàries, és a dir, quantes dones i nens no fan res més que aprendre a gastar el que altres guanyen, quantes persones no són més que mers sibarites i quantes mers jugadors de professió, quantes viuen d'enganyar el poble amb inintel·ligibles doctrines divines i filosòfiques, quantes de convèncer persones crèdules, fràgils i inclinades a pledejar que els seus cossos o propietats estan en males condicions i en perill, quantes lluiten com a soldats, quantes viuen mitjançant oficis merament plaents o d'adorn, quantes mitjançant serveis mal prestats, etc.? I, d'altra banda, quan poques estan emprades en el cultiu i l'elaboració dels aliments necessaris i d'habitatges, i dels homes especulatius, com de pocs són els que realment estudien la naturalesa i les coses.»
El pare de la demografia al segle XVII es feia preguntes de les quals no conec la resposta, però que seria molt interessant tenir-ne coneixement (clar que convenientment actualitzades ja que avui dia sabem que hi ha altres elements que són tan importants com l'aliment i l'habitatge, com serien la salut i l'educació, el coneixement o la ciència) per poder aplicar en aquests paràsits socials com el són consellers, assessors, capellans, militars, polítics i altres lladres, entabanadors, avantatgistes, estafadors, vividors... el que es diu en aquestes terres de "advocats i procuradors, a l'infern de dos en dos". Doncs això a l'infern de dos en dos per acabar amb ells d'una vegada i per totes.

Una abraçada.






Al infierno de dos en dos


El pionero de la demografía moderna, y algunos dirían que también fue el fundador de la bioestadística y el precursor de la epidemiología, fue un próspero comerciante londinense, John Graunt (1620-1674), aficionado a las matemáticas. Según cuenta Daniel Boorstin en su libro Descubridores:
Graunt terminaba el libro [Natural and Political Observations Made upon the Bills of Mortality, 1662] con una práctica defensa de la estadística. «Por otra parte, si todas estas cosas se conocieran con claridad y seguridad (que yo no he hecho más que conjeturas), se pondría de manifiesto que sólo una pequeña parte de la gente trabaja en actividades y profesiones necesarias, es decir, ¿cuántas mujeres y niños no hacen nada más que aprender a gastar lo que otros ganan, cuántas personas no son más que meros sibaritas y cuántas meros jugadores de profesión, cuántas viven de engañar al pueblo con ininteligibles doctrinas divinas y filosóficas, cuántas de convencer a personas crédulas, frágiles e inclinadas a pleitear de que sus cuerpos o propiedades están en malas condiciones y en peligro, cuántas luchan como soldados, cuántas viven mediante oficios meramente placenteros o de adorno, cuántas mediante servicios mal prestados, etc.? Y, por otra parte, cuan pocas están empleadas en el cultivo y la elaboración de los alimentos necesarios y de viviendas; y de los hombres especulativos, cuán pocos son los que realmente estudian la naturaleza y las cosas.»
El padre de la demografía en el siglo XVII se hacía preguntas de las cuales no conozco la respuesta, pero que seria muy interesante tener conocimiento (claro que convenientemente actualizadas ya que hoy en día sabemos que hay otros elementos que son tan importantes como el alimento i la vivienda, como serían la salud y la educación, el conocimiento o la ciencia) para poder aplicar a esos parásitos sociales como lo son consejeros, asesores, curas, militares, políticos y demás ladrones, embaucadores, ventajistas, estafadores, vividores... lo que se dice en estas tierras de "abogados y procuradores, al infierno de dos en dos". Pues eso al infierno de dos en dos para acabar con ellos de una vez por todas.

Un abrazo.

divendres, 17 d’agost de 2012

Pirateig de llibres --- Pirateo de libros

[Entrada 188]


Pirateig de llibres



Molt a prop de casa meva hi ha una biblioteca pública municipal. De fet, a la província de Barcelona la majoria de les biblioteques públiques municipals estan gestionades per la Diputació de Barcelona. Això els permet mantenir una xarxa de biblioteques municipals força gran, amb més de dues-centes biblioteques.

Un pot tenir un llibre en préstec durant tres setmanes i prorrogar-ne l'emprèstit des de casa via Internet. Els títols disponibles a la pròpia biblioteca no tenen cap cost, quan un llibre no està disponible a la pròpia biblioteca però està disponible en una altra de la xarxa costa un euro tenir-lo disponible l'endemà.

O sigui que jo puc tenir a la meva disposició una gran quantitat de títols gratuïtament, o pel cost mínim d'un euro i ningú em dirà que estic piratejant res. Hi esteu d'acord, oi? I ja no dic res quan em deixa un llibre un amic, i jo sóc dels bona fe que el tornen...

Bé, ara resulta que si jo em baixo aquest títol d'Internet per llegir-lo en un aparell, que m'ha costat com a mínim un centenar de dòlars, llavors estic cometent un delicte, estic fent pirateig. Doncs no ho entenc. Què algú m'ho expliqui. Internet no sol ser a cost zero, pago per tenir-ne a casa i pago per tenir-ne al mòbil. M'ha costat més car aquest llibre que el que he tret de la biblioteca o el que m'han deixat, i a sobre és delicte?

Evidentment un editor té uns costos per fer un llibre en paper. Sens dubte l'edició, maquetació, impressió i distribució tenen cost, evidentment molt més baix del preu de venda del llibre, ja que aquest sol estar per sota del 50% del preu de venda, i algú m'ha assegurat que fins i tot és menor. En alguns casos un percentatge petit d'aquest preu de venda va a les mans de l'autor, però hi ha casos en què l'autor ha estat obligat a cedir els seus drets a l'editor, diguem que els hi ha comprat per un import que normalment és ridícul, això és cert sobretot si parlem del llibre científic i de divulgació.

En un llibre electrònic els costos de edició són similars però els de maquetació, impressió i distribució són pràcticament nuls, per no dir directament: nuls. Per què pretenen cobrar-nos entre en 70% i el 80% del cost del llibre en paper si els ha costat molt menys? I això no és delicte? Sé que el llibreter, el que té la botiga, s'endú al voltant del 35% del preu del llibre en paper, així que resulta que el que em volen cobrar del llibre electrònic és més del que costa un llibre en paper, no rebaixen ni el 35% del que li tocaria al llibreter. I això no és estafar?

Crec que els editors s'estan equivocant i molt. Si un llibre electrònic tingués el cost al voltant del 5% dels preu del llibre en paper es vendria bé, a banda d'això, segurament una biblioteca de llibres electrònics subsistiria acceptablement cobrant de 30 a 40 cèntims d'euro per llibre descarregat i crec que així podrien tenir èxit. Tot el demés és fomentar la pirateria, simplement per cobdícia. El lector no és imbècil. Per això crec que els editors ja han perdut el carro, van tard... La pirateria ja està organitzada.

Una abraçada






Pirateo de libros



Muy cerca de mi casa hay una biblioteca pública municipal. De hecho, en la provincia de Barcelona la mayoría de las bibliotecas públicas municipales están gestionadas por la Diputación de Barcelona. Esto les permite mantener una red de bibliotecas municipales bastante grande, con más de doscientas bibliotecas.

Uno puede tener un libro en préstamo durante tres semanas y prorrogar su empréstito desde casa vía Internet. Los títulos disponibles en la propia biblioteca no tienen ningún coste, cuando un libro no está disponible en la propia biblioteca pero está disponible en otra de la red cuesta un euro tenerlo disponible al día siguiente.

O sea que yo puedo tener a mi disposición una gran cantidad de títulos gratuitamente, o por el coste mínimo de un euro y nadie me dirá que estoy pirateando nada. Estáis de acuerdo, ¿verdad? Y ya no digo nada cuando me deja un libro un amigo, y yo soy de los de buena fe que lo devuelven...

Bien, ahora resulta que si yo me bajo este título de Internet para leer en un aparato, que me ha costado como mínimo un centenar de dólares, entonces estoy cometiendo un delito, estoy haciendo pirateo. Pues no lo entiendo. Qué alguien me lo explique. Internet no suele ser a coste cero, pago para tenerlo en casa y pago para tenerlo el móvil. Me ha costado más caro ese libro que el que he sacado de la biblioteca o el que me han dejado, ¿y encima es delito?

Evidentemente un editor tiene unos costes para hacer un libro en papel. Sin duda la edición, maquetación, impresión y distribución tienen coste, evidentemente mucho más bajo del precio de venta del libro, ya que este suele estar por debajo del 50% del precio de venta, y alguien me ha asegurado que incluso es menor. En algunos casos un porcentaje pequeño de este precio de venta va a las manos del autor, pero hay casos en que el autor ha sido obligado a ceder sus derechos al editor, digamos que se los ha comprado por un importe que normalmente es ridículo, eso es cierto sobre todo si hablamos del libro científico y de divulgación.

En un libro electrónico los costes de edición son similares pero los de maquetación, impresión y distribución son prácticamente nulos, por no decir directamente: nulos. ¿Por qué pretenden cobrarnos entre en 70% y el 80% del coste del libro en papel si les ha costado mucho menos? ¿Y eso no es delito? Sé que el librero, el que tiene la tienda, se lleva alrededor del 35% del precio del libro en papel, así que resulta que lo que me quieren cobrar del libro electrónico es más de lo que cuesta un libro en papel, no rebajan ni el 35% de lo que le tocaría al librero. ¿Y eso no es estafar?

Creo que los editores se están equivocando y mucho. Si un libro electrónico tuviera el coste alrededor del 5% de los precio del libro en papel se vendería bien, por otro lado , seguramente una biblioteca de libros electrónicos podría subsistir aceptablemente cobrando de 30 a 40 céntimos de euro por libro descargado y creo que así podrían tener éxito. Todo lo demás es fomentar la piratería, simplemente por codicia. El lector no es imbécil. Por eso creo que los editores ya han perdido el carro, van tarde... La piratería ya está organizada.

Un abrazo

dilluns, 13 d’agost de 2012

Mentides ultraliberals --- Mentiras ultraliberales

[Entrada 187]

Mentides ultraliberals


John M. Keynes (1883-1946), va ser un economista de reconegut prestigi que ha tingut i té una influència indiscutible en la política econòmica mundial, que fins i tot presidents dels USA com Roosevelt o Kenedy han aplicat els seus principis. Va apostar per una política governamental intervencionista, amb la qual el govern, utilitzant mesures fiscals i monetàries, ajudaria a mitigar els efectes adversos dels cicles econòmics. És reconegut com el pare de la macroeconomia moderna. Els seus treballs han estat utilitzats després de la Segona Guerra mundial en el marc del desplegament de l'estat del benestar.

De fet, Keynes va ser el primer economista en ocupar-se del tema de l'atur. Durant la gran crisi iniciada amb el crac borsari de 1929 i que va durar fins al final de la segona guerra mundial a 1945, deia que el problema de l'atur no es resolia amb salaris baixos, sinó amb la intervenció de l'estat, i en concret amb el foment de la obra pública.

Sr. Rajoy, vos a la vostra darrera campanya electoral dèieu que la vostra principal prioritat seria resoldre el problema de l'atur, llavors, què feu tan preocupat pel deute? Què feu abaixant els salaris dels empleats públics? Què feu fomentant el treball escombraria? Per què no s'està treballant en l'eix ferroviari mediterrani que ja ha aprovat la comunitat europea? Què feu insistint en l'eix central ferroviari i contraposant-lo al mediterrani? No serà que no teniu cap interès en reduir l'atur? No serà que el vostres objectius són uns altres? És que ens preneu per idiotes?

Una abraçada.






Mentiras ultraliberales


John M. Keynes (1883-1946), fue un economista de reconocido prestigio que ha tenido y tiene una influencia indiscutible en la política económica mundial, que incluso presidentes de los USA como Roosevelt o Kenedy han aplicado sus principios. Apostó por una política gubernamental intervencionista, con la que el gobierno, utilizando medidas fiscales y monetarias, ayudaría a mitigar los efectos adversos de los ciclos económicos. Es reconocido como el padre de la macroeconomía moderna. Sus trabajos han sido utilizados después de la Segunda Guerra Mundial en el marco del desarrollo del estado del bienestar.



De hecho, Keynes fue el primer economista en ocuparse del tema del paro. Durante la gran crisis iniciada con el crack bursátil de 1929 y que duró hasta el final de la segunda guerra mundial en 1945, decía que el problema del paro no se resolvía con salarios bajos, sino con la intervención del estado, y en concreto con el fomento de la obra pública.

Sr. Rajoy, usted en su última campaña electoral decía que su principal prioridad sería resolver el problema del paro, entonces ¿qué hace tan preocupado por la deuda? ¿Qué hace bajando los salarios de los empleados públicos? ¿Qué hace fomentando el trabajo basura? ¿Por qué no se está trabajando en el eje ferroviario mediterráneo que ya ha aprobado la comunidad europea? ¿Qué hace insistiendo en el eje central ferroviario y contraponiéndolo al mediterráneo? ¿No será que no tiene ningún interés en reducir el paro? ¿No será que sus objetivos son otros? ¿Es que nos toma por idiotas?

Un abrazo.

dijous, 9 d’agost de 2012

Hay alternativas

[Entrada 186]


Hay alternativas



Cerrando esta serie de post basados en textos que he recibido en algún email y posts de otros bloggers sobre esta crisis económica con la que la oligarquía financiera del mundo está castigando a Europa y responde a algo perfectamente planificado como nos demuestra el historiador Josep Fontana en su conferencia. Hoy os presento este email que recibí hace unos días y que creo que no tiene desperdicio. Si bien este post cierra el ciclo de textos ajenos –que no he traducido al catalán–, eso no significa que haya acabado con este tema del engaño al que nos están sometiendo con esta falsa crisis perfectamente orquestada y que nos afecta a todos, especialmente a los adolescentes porque se está forjando aquí vuestro futuro y creo que no os podéis quedar tan tranquilos.

Frente a los recortes y la subida del IVA que ha decretado gobierno de este estado ibérico:
Esto es lo que ha hecho Hollande (no palabras, hechos) en 56 días en el cargo:

- Ha suprimido 100% de los coches oficiales y los ha subastado; y lo recaudado se destina al Fondo de Bienestar para ser distribuido a las regiones con el mayor número de centros urbanos con los suburbios ruinosos.

- Ha hecho enviar un documento (doce líneas) a todos los organismos estatales dependientes de la administración central en el cual les comunicaba la abolición de los "vehículos de empresa" desafiando de manera provocativa e insultando a los altos funcionarios, con frases como "si un ejecutivo que gana 650.000 euros año, no puede permitirse el lujo de comprar un buen coche con sus ingresos del trabajo, quiere decir que es demasiado ambicioso, que es estúpido, o que es deshonesto. La nación no necesita ninguna de estas tres figuras". Touchè. Fuera los Peugeot y los Citroen. 345 millones de euros salvados de inmediato, y trasladados a crear (apertura 15 de agosto 2012) 175 institutos de investigación científica avanzada de alta tecnología, asumiendo la contratación de 2560 jóvenes científicos desempleados "para aumentar la competitividad y la productividad de la nación".

- Ha abolido el concepto de paraíso fiscal (definido "socialmente inmoral") y promulgó un decreto presidencial de de urgencia estableciendo un porcentaje del 75% de aumento en la tributación para todas las familias que, netos, ganan más de 5 millones de euros al año. Con ese dinero (manteniendo así el pacto fiscal) sin que ello afecte un euro al presupuesto, ha contratado a 59,870 licenciados desempleados, de los cuales 6.900 desde el 1 de julio de 2012, y luego otros 12.500 el 1 de septiembre como profesores en la educación pública.

- Ha privado a la Iglesia de subsidios estatales por valor de 2,3 millones de euros que financiaban exclusivos colegios privados, y ha puesto en marcha (con ese dinero) un plan para la construcción de 4.500 jardines de infancia y 3.700 escuelas primarias, iniciando un plan de recuperación la inversión en la infraestructura nacional.

- Ha establecido el "bono-cultura" presidencial, un mecanismo que permite a cualquiera pagar cero impuestos si se constituye como cooperativa y abre una librería independiente contratando al menos dos licenciados desempleados de la lista de desempleados, con el fin de ahorrar dinero del gasto público y realizar una contribución mínima al empleo y al relanzamiento de nuevas posiciones sociales.

- Ha abolido todos los subsidios gubernamentales a las revistas, fundaciones y editoriales, sustituyéndolos por comités de "emprendedores estatales"" que financian acciones culturales sobre la base de la presentación de planes de negocio relacionados con estrategias de mercado avanzadas.

- Ha puesto en marcha un procedimiento muy complejo en el que ofrece a los bancos una elección (sin impuestos): Quien proporcione préstamos blandos a empresas francesas que produzcan bienes recibe beneficios fiscales, quien ofrece instrumentos financieros paga una tarifa adicional: lo tomas o lo dejas.

- Ha reducido en un 25% el sueldo de todos los funcionarios del gobierno, el 32% de todos los diputados y el 40% de todos los funcionarios estatales de alto nivel que ganan más de 800 000 € por año. Con esa cantidad (alrededor de 4 millones de euros) ha establecido un fondo que ofrece garantías de bienestar a las "madres solteras" en condiciones financieras difíciles garantizándoles un salario mensual por un período de cinco años, hasta que el niño vaya a la escuela primaria, y tres años si el niño es mayor. Todo ello sin modificar el equilibrio del presupuesto.

Resultado: pero miren qué SORPRESA! El diferencial con los bonos alemanes cayó, por arte de magia. Ha llegado a 101 (el nuestro viajando por 570). La inflación no ha aumentado. La competitividad de la productividad nacional se ha incrementado en el mes de junio por primera vez en tres años. ¿Es Hollande un genio de la economía?

Al día siguiente del anuncio de nuevos recortes, de la supresión de la paga extra de navidad a los empleados públicos, de suprimirles días de vacaciones, de la subida del IVA, etc. el Boletín Oficial del Estado (español, por supuesto) anunció este reparto de dinero público entre los partidos políticos:


Un abrazo.

diumenge, 5 d’agost de 2012

Una convocatoria ambiciosa, modelo Islandia.

[Entrada 185]


Una convocatoria ambiciosa, modelo Islandia.


Llegó a mí en un email, de parte de un amigo, en el no consta un origen declarado, aparentemente nadie convoca, pero me gusta la idea.
“¡Atención!, esta puede ser la próxima y definitiva movilización ciudadana a partir de la cual se inicie el proceso de cambio en el que se deje atrás el régimen vigente y se sienten las bases para una verdadera democracia.

   La acción es clara y contundente:
   El próximo 25 de septiembre se llegará a Madrid de forma masiva desde todas partes de España, con el fin de rodear el Congreso de los Diputados y permanecer allí de forma indefinida, hasta conseguir la disolución de las cortes y la apertura de un proceso constituyente para la redacción de una nueva constitución, esta vez sí, la de un estado democrático.
   Toda la ciudadanía está invitada a participar, ya sea a modo individual o a través de asambleas, plataformas ciudadanas, etc.
   El cambio es necesario y va a ser liderado por el pueblo.

   MANIFIESTO:
   Nosotros, personas comunes, hartas de sufrir las consecuencias de una crisis que no hemos creado, nos unimos para redactar este manifiesto e invitamos a toda la ciudanìa del Estado a unirse a las reivindicaciones que reclamamos en él.
   Consideramos que la situación ha traspasado todos los límites tolerables y que somos víctimas de un ataque sin precedentes que, utilizando la crisis como pretexto, está arruinando nuestras vidas, y cuyos culpables son quienes se han configurado como una oligarquía intocable, con la complicidad de todas las fuerzas políticas representadas en el parlamento, manipulando todos los poderes del Estado para mantener sus privilegios y enriquecimiento desmedido e ilícito. Ya no hay manera de ocultar que vivimos un gigantesco fraude social, con gobiernos que sistemáticamente nos mienten, haciendo exactamente lo contrario a sus compromisos electorales, y que no hay justicia alguna en los tribunales para los banqueros, políticos y empresarios culpables de la situación.
   Sólo vemos cómo esta casta implanta políticas que destruyen nuestros derechos y vidas, y cómo somos víctimas de una represión injustificable cuando demandamos un cambio en la situación.
   Creemos que el problema es de tal envergadura que su solución ya no pasa por los habituales mecanismos del sistema político, establecidos por esa casta para hacer de nosotros, los ciudadanos, lo que les parece, por lo que, en consecuencia exigimos:
   - La dimisión del gobierno en pleno, por engañar al país de modo inconcebible y llevarnos al desastre, así como la disolución de las Cortes y la convocatoria inmediata de elecciones generales
   - Que esas elecciones generales sean para convocar una Asamblea constituyente, a fin de redactar una nueva Constitución, con la participación de todas las fuerzas políticas del país, pues no reconocemos validez alguna a la actual Constitución, redactada por una camarilla a espaldas del pueblo, y que consagró la dominación de los herederos del franquismo y quienes pactaron con ellos.
   Ha de ser el pueblo quién determine el modelo de Estado en el que quiere vivir, cosa que no sucede con el actual, que nos fue dado por esa camarilla y que responde exclusivamente a sus intereses.
   - Una auditoría de la deuda pública de España, con una moratoria del pago de la deuda hasta haber delimitado claramente las partidas que no han de ser pagadas por la nación, pues han servido a intereses privados que utilizaron al país para sus propios fines y no los del conjunto de la ciudadanía española. Igualmente, exigimos el procesamiento de todas aquellas personas que se demuestren sospechosos de tales maniobras, y que respondan con sus bienes en caso de resultar condenados.
   - La reforma de la ley electoral, a fin de represente verdaderamente la voluntad del pueblo soberano, cosa que no sucede de ninguna manera con la actual.
   - La derogación inmediata de todas las reformas llevadas a cabo por el Partido Popular, pues no sólo son un desastre para el país, sino que han sido impuestas a traición de la voluntad democrática del pueblo.
   - Una reforma fiscal justa, que haga pagar más a quienes más tienen.
   - Igualmente, exigimos la derogación de la amnistía fiscal decretada por el gobierno, cuya injusticia es una verdadera burla a los contribuyentes honrados
   - La abolición de todos los privilegios de quienes ejercen responsabilidades políticas, y la implantación de mecanismos de control férreo del desempeño de sus funciones.
   - La paralización inmediata de todos los desahucios, y la puesta en alquiler a precios baratos de las viviendas en propiedad de los bancos y cajas que ha sido ayudados con fondos públicos.
   - El reparto del trabajo existente entre todas, pues es una enorme falacia que haya que trabajar más, falacia sustentada en la avaricia de los grandes intereses y contraria a los de la gente común.

   Por todo lo expuesto convocamos a la ciudadanía el día 25 de Septiembre de 2012 a manifestarse de forma indefinida en las puertas del Congreso hasta conseguir la dimisión del Gobierno y la apertura de un Proceso Constituyente, haciendo de éste, el llamamiento de unión de todas las luchas por una Sociedad más justa.
   Somos la inmensa mayoría, somos el pueblo, tenemos razón, y no vamos a dejaros pasar.

Facebook: http://www.facebook.com/OcupaElCongreso
Grupo debate: https://www.facebook.com/groups/318713574883730/
Evento: http://www.facebook.com/events/355184007883632/
Twitter: https://twitter.com/ocupaelcongreso
Blog: http://plataformaenpie.wordpress.com/
Contacto: info.ocupaelcongreso@gmail.com
Video: http://www.youtube.com/watch?v=iBIBNQ37gCA
Avaaz: http://www.avaaz.org/es/petition/El_25_de_Septiembre_rodeamos_el_congreso/?cKmOpdb

En otro mensaje, que no sé si tiene el mismo origen añaden al texto anterior:
Por lo tanto, no se puede catalogar como una propuesta, es forzar la disolución de las cortes y abrir un proceso constituyente, las medidas económicas vendrán después de dicho proceso y sera el pueblo el que elija la política económica a seguir. LA REVOLUCIÓN SE PONE EN MARCHA.

Es una convocatoria en plan acampada alrededor del congreso, no vamos a quemar el congresos ni guillotinar a nadie, simplemente es para hacer presión para obligar a nuestros representantes a que abran un proceso constituyente, para aprobar una nueva constitución, que resuelva de una manera mas eficaz los problemas de los ciudadanos.

El dinero que se han llevado, que nos han robado y estafado y si alguien no lo cree y no sale de su asombro... Lo afirma un juez.

Economía.-Pumpido dice que vivimos "la crónica de un atraco perfecto" y pregunta por qué hablar de crisis si "es estafa"

Si un juez de la alta magistratura del estado, nos dice esto y no hay una revolucion ya!! es que sinceramente nos merecemos lo que tenemos.

Rajoy lo ha dicho, no nos dejan otra alternativa, por lo tanto estamos intervenidos, sometidos por los mercados, por el euro, vivimos de crédito exterior por que no podemos financiarnos, en definitiva.....ya no somos soberanos, la soberanía ya no reside en el pueblo español, reside en los mercados especulativos, el gobierno es un títere, un mero intermediario que no quiere perder su estatus social y hará todo lo posible para conservarlo aun que tenga que cargarse a media España.

FUERA LA CLASE DIRIGENTE PARASITARIA, TOMA EL CONGRESO, RECONQUISTEMOS NUESTRA SOBERANIA, REFERENDUM YA!!

NUESTRO CAMINO MAS QUE NUNCA ES Y SERA ISLANDIA.

Esto es lo que yo llevo diciendo a voces desde que empezó el 15-M, tenemos que dar máxima publicidad a este hecho, máxima difusión por todos los medios, así que creo que es responsabilidad de todos los que estamos en este foro entrar en todas las paginas, en todos los foros, en todas las redes sociales y escribirlo sin parar hasta el día 25 de septiembre. Os dejo ideas:

- Entrar en las noticias de todos los periódicos: El País, ABC, El Mundo, Publico, La vanguardia, Marca, As, Mundo Deportivo, Sport, Periódicos locales, etc.... y siempre dejad comentarios tantos como noticias leáis, y más si podéis, anunciando la ocupación del congreso el 25-Septiembre.

- Ponerlo como firma en todos los foros que participéis, aunque estos foros sean de pastillas de freno, o de lápiz de labios

- Escribir cartas a los periódicos y a las televisiones en la parte de "contacto" diciendo que el 25-S hay ocupación del congreso. No hace falta dar un discurso, con que reciban: "el 25-S ocupación del congreso" es suficiente.

- Hablar de ello de forma constante en redes sociales (twiter, facebook, tuenti, mesenger...) además deberías ponerlo en el mensaje de estado y/o en el perfil.

- Pasearos por la calle cuando os apetezca con una camiseta donde ponga "25-S ocupación del congreso" y los detalles que queráis.

- Difundirlo por las asambleas de barrios.

- Contactar con amigos de otros países para decírselo. Para su máxima difusión, sobre todo a los implicados o que se identifiquen con nuestro movimiento.

- Mails masivos que todos sabemos con el "Pásalo"

- Hablar de ello con vecinos, amigos, compañeros de trabajo. Sobre todo los estudiantes que lo publiciten en sus institutos y universidades mediante panfletos, boca a boca, etc. (ya se que estamos en vacaciones, pero en la medida de lo posible)

Es momento de olvidar si "me parece mejor hacerlo de esta forma", o "para que va a servir" o esas excusas o argumentos que evitan nuestra movilización. Es hora de olvidar nuestros prejuicios. Solamente si has abierto los ojos y te has dado cuenta de cuál es la realidad, promueve la movilización, el tiempo para discutir los detalles no es este, ese momento llegara despues, este es el momento de levantarse del sofá!!

Si lees este mensaje, es TU responsabilidad promoverlo, no lo harán otros por ti, convéncete de que SIN TI esto no tendrá éxito, eres tan responsable de esto como de llegar puntual a tu trabajo, o de cuidar de tu familia, empieza a entender que TU eres el protagonista, y que TU eres el que debes cambiar esto, porque nadie lo hará por ti. Ayúdame, Ayúdanos y sobretodo Ayúdate a cambiar tu futuro.

¿Qué os parece?

Un abrazo.

dimecres, 1 d’agost de 2012

Mas allá de la crisis (Una conferencia de Josep Fontana)

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Mas allá de la crisis (Una conferencia de Josep Fontana)


Ya sé que es muy larga, pero os transcribo esta conferència porque es la primera vez que he visto descrita de forma clara i rigurosa como nos están engañando, manipulando y robando nuestra libertad y nuestros derechos de forma sistemática e implacable. Por eso os transcribo el texto íntegro de la conferencia pronunciada en León por el profesor Josep Fontana que, salvo pequeñas variaciones, es la misma que dictó en la sede de Comisiones Obreras de Catalunya en el consell de Comfia. Aunque se pronunció en estas tierras ibéricas, su contenido es universal, se refiere a todo el mundo, nuestro mundo.
De lo que quisiera hablarles no es tanto de la crisis actual como de lo que está ocurriendo más allá de la crisis: de algo que se nos oculta tras su apariencia. Para explicarlo necesitaré empezar un tanto atrás en el tiempo.
   Nos educamos con una visión de la historia que hacía del progreso la base de una explicación global de la evolución humana. Primero en el terreno de la producción de bienes y riquezas: la humanidad había avanzado hasta la abundancia de los tiempos modernos a través de las etapas de la revolución neolítica y la revolución industrial. Después había venido la lucha por las libertades y por los derechos sociales, desde la Revolución francesa hasta la victoria sobre el fascismo en la Segunda guerra mundial, que permitió el asentamiento del estado de bienestar. No me estoy refiriendo a una visión sectaria de la izquierda, ni menos aun marxista, sino a algo tan respetable como lo que los anglosajones llaman la visión whig de la historia, según la cual, cito por la wikipedia, “se representa el pasado como una progresión inevitable hacia cada vez más libertad y más ilustración”.
   Hasta cierto punto esto era verdad, pero no era, como se nos decía, el fruto de una regla interna de la evolución humana que implicaba que el avance del progreso fuese inevitable –la ilusión de que teníamos la historia de nuestro lado, lo que nos consolaba de cada fracaso–, sino la consecuencia de unos equilibrios de fuerzas en que las victorias alcanzadas eran menos el fruto de revoluciones triunfantes, que el resultado de pactos y concesiones obtenidos de las clases dominantes, con frecuencia a través de los sindicatos, a cambio de evitar una auténtica revolución que transformase por completo las cosas.
   Para decirlo simplemente, desde la Revolución francesa hasta los años setenta del siglo pasado las clases dominantes de nuestra sociedad vivieron atemorizadas por fantasmas que perturbaban su sueño, llevándoles a temer que podían perderlo todo a manos de un enemigo revolucionario: primero fueron los jacobinos, después los carbonarios, los masones, más adelante los anarquistas y finalmente los comunistas. Eran en realidad amenazas fantasmales, que no tenían posibilidad alguna de convertirse en realidad; pero ello no impide que el miedo que despertaban fuese auténtico.
   En un articulo sobre la situación actual de Italia publicado en La Vanguardia el pasado mes de octubre se podía leer: “los beneficios sociales fueron el fruto de un pacto político durante la guerra fría”. No sólo durante la guerra fría, a no ser que hablemos de una “guerra” de doscientos años, desde la revolución francesa para acá. Lo que este reconocimiento significa, por otra parte, es que ahora no tienen ya inconveniente en confesar que nos engañaron: que no se trataba de establecer un sistema que nos garantizase un futuro indefinido de mejora para todos, sino que sólo les interesaba neutralizar a los disidentes mientras eliminaban cualquier riesgo de subversión.
   Los miedos que perturbaron los sueños de la burguesía a lo largo de cerca de doscientos años se acabaron en los setenta del siglo pasado. Cada vez estaba más claro que ni los comunistas estaban por hacer revoluciones –en 1968 se habían desentendido de la de París y habían aplastado la de Praga–, ni tenían la fuerza suficiente para imponerse en el escenario de la guerra fría. Fue a partir de entonces cuando, habiendo perdido el miedo a la revolución, los burgueses decidieron que no necesitaban seguir haciendo concesiones. Y así siguen hoy.
   Déjenme examinar esta cuestión en su última etapa. El período de 1945 a 1975 había sido en el conjunto de los países desarrollados una época en que un reparto más equitativo de los ingresos había permitido mejorar la suerte de la mayoría. Los salarios crecían al mismo ritmo a que aumentaba la productividad, y con ellos crecía la demanda de bienes de consumo por parte de los asalariados, lo cual conducía a un aumento de la producción. Es lo que Robert Reich, que fue secretario de Trabajo con Clinton, describe como el acuerdo tácito por el que “los patronos pagaban a sus trabajadores lo suficiente para que éstos comprasen lo que sus patronos vendían”. Era, se ha dicho, “una democracia de clase media” que implicaba “un contrato social no escrito entre el trabajo, los negocios y el gobierno, entre las élites y las masas”, que garantizaba un reparto equitativo de los aumentos en la riqueza.
   Esta tendencia se invirtió en los años setenta, después de la crisis del petróleo, que sirvió de pretexto para iniciar el cambio. La primera consecuencia de la crisis económica había sido que la producción industrial del mundo disminuyera en un diez por ciento y que millones de trabajadores quedaran en paro, tanto en Europa occidental como en los Estados Unidos. Estos fueron, por esta razón, años de conmmoción social, con los sindicatos movilizados en Europa en defensa de los intereses de los trabajadores, lo que permitió retrasar aquí unas décadas los cambios que se estaban produciendo ya en los Estados Unidos y en Gran Bretaña, donde los empresarios, bajo el patrocinio de Ronald Reagan y de la señora Thatcher, decidieron que éste era el momento para iniciar una política de lucha contra los sindicatos, de desguace del estado de bienestar y de liberalización de la actividad empresarial.
   La lucha contra los sindicatos se completó con una serie de acuerdos de libertad de comercio que permitieron deslocalizar la producción a otros países, donde los salarios eran más bajos y los controles sindicales más débiles, e importar sus productos, con lo que los empresarios no sólo hacían mayores beneficios, al disminuir sus costes de producción, sino que debilitaban la capacidad de los obreros de su país para luchar por la mejora de sus condiciones de trabajo y de su remuneración: los salarios reales bajaron en un 7 por ciento de 1976 a 2007 en los Estados Unidos, y lo han seguido haciendo después de la crisis.
   Asi se inició lo que Paul Krugman ha llamado “la gran divergencia”, el proceso por el cual se produjo un enriquecimiento considerable del 1 por ciento de los más ricos y el empobrecimiento de todos los demás. En los Estados Unidos, que citaré con frecuencia por dos razones –porque disponemos de buenas estadísticas sobre su evolución y porque lo que sucede allí es el anuncio de lo que va a pasar aquí más adelante–, se pudo ver en vísperas de la crisis de 2008 que este 1 por ciento de los más ricos recibía el 53 por ciento de todos los ingresos (esto es más que el 99 por ciento restante).
   En las primeras etapas este proceso tal vez resultaba poco perceptible; pero cuando sus efectos se fueron acumulando acabaron despertando la conciencia de una desigualdad social en constante aumento. En mayo de 2011 Joseph Stiglitz publicó un artículo que se titulaba: “Del 1%, para el 1% y por el 1%”, donde decía que los norteamericanos, que estaban contemplando cómo se producían en muchos países, por ejemplo en los de la primavera árabe, protestas contra regímenes opresivos que concentraban una gran masa de riqueza en las manos de una élite integrada por muy pocos, no se daban cuenta de que esto ocurría también en su propio país.
    Este del 1 por ciento ha sido uno de los lemas principales de los movimientos de ocupación que se han desarrollado en diversas ciudades norteamericanas. Pero Krugman ha hecho un análisis aún más afinado que muestra que es en realidad el 0’1 %, esto es el uno por mil de los norteamericanos, los que concentran la mayor parte de esta riqueza. “¿Quiénes son estos del 1 por mil?, se pregunta ¿Son heroicos emprendedores que crean lugares de trabajo? No. En su mayor parte son dirigentes de compañías (...) o ganan el dinero en las finanzas”.
   Los resultados a largo plazo de la gran divergencia, que se iniciaba en Estados Unidos y en Gran Bretaña en los años setenta y se extendió después a Europa, transformaron profundamente nuestras sociedades. Las consecuencias de una inmensa redistribución de la riqueza hacia arriba no sólo se han manifestado en el empobrecimiento relativo de los trabajadores y de las clases medias, sino que han dado a los empresarios una influencia política con la cual, a partir de ese momento, les resulta cada vez más fácil fijar las reglas que les permiten consolidar su poder.
   Esta redistribución hacia arriba no es el resultado natural del funcionamiento del mercado, como se pretende que creamos, sino el de una acción deliberada. Su origen es netamente político. El primer programa que inspiró este movimiento lo expresó Lewis Powell en agosto de 1971 en un “Memorándum confidencial. Ataque al sistema americano de libre empresa”, escrito para la “United States Chamber of Commerce”, que se encargó de hacerlo circular entre sus asociados. Powell denunciaba el riesgo que implicaba el avance en la sociedad norteamericana de ideas contrarias al “sistema de libre empresa”, expuestas no sólo por extremistas de izquierda, sino por “elementos totalmente respetables del sistema”, e insistía en la necesidad de combatirlas, sobre todo en el terreno de la educación.
   El memorándum tenía una primera parte sobre la amenaza que representaban los “estudiantes universitarios, los profesores, el mundo de los medios de comunicación, los intelectuales y las revistas literarias, los artistas y los científicos”, y proponía planes de ataque para limpiar las universidades y vigilar los libros de texto, para lo cual pedía a las organizaciones empresariales que actuasen con firmeza. No me ocuparé ahora de esta batalla de las ideas, que ha llegado hoy al extremo de proponer la eliminación de la escuela pública, sino de otra parte del memorándum que tendría consecuencias más inmediatas y trascendentales. Powell advertía: “No se debe menospreciar la acción política, mientras esperamos el cambio gradual de la opinión pública que ha de conseguirse a través de la educación y la información. El mundo de los negocios debe aprender la lección que hace tiempo aprendieron los sindicatos y otros grupos de intereses. La lección de que el poder político es necesario; que este poder debe cultivarse asiduamente y que, cuando convenga, hay que usarlo agresivamente y con determinación”.
   Para emprender este programa se necesitaban organizaciones empresariales potentes, que dispusieran de recursos suficientes. “La fuerza reside en la organización, en una planificación y realización persistentes durante un período indefinido de años”. Este llamamiento a la lucha política tuvo efectos de inmediato en la actividad de las asociaciones empresariales y sobre todo de la “United States Chamber of Commerce”, que pretende ser hoy “la mayor federación empresarial del mundo, en representación de los intereses de más de 3 millones de empresas”. Estas asociaciones no solo emprendieron grandes campañas de propaganda, sino que acentuaron su participación en las campañas electorales a través de Comités de Acción Política, en una actividad que ha aumentado considerablemente desde 2009, tras la decisión del Tribunal supremo Citizens United, que ha liberalizado las inversiones de las empresas en la política, en nombre del derecho a la libre expresión (esto es, considerando a las empresas como personas y atribuyéndoles los mismos derechos). La gran cuantía de recursos proporcionados por los empresarios explica, por ejemplo, que la United States Chamber of Commerce invirtiese en las elecciones norteamericanas de 2010 más que los comités de los dos partidos, demócrata y republicano, juntos.
   No se trata tan sólo de donativos para las campañas, sino también de formas diversas de pagar sus servicios a los políticos, entre ellas la de asegurarles una compensación cuando dejan la política. Y, sobre todo, de la actuación constante de los llamados “lobbyists”, que atienden las peticiones de los políticos. En el pasado año 2011 se calcula que las empresas han gastado 3.270 millones de dólares en atender a los congresistas y a los altos funcionarios federales. Las 30 mayores compañías gastaron entre 2008 y 2010 más en esto que en pagar impuestos.
   ¿Que ha conseguido el mundo empresarial con este asalto al poder? En julio del año pasado, Michael Cembalest, jefe de inversiones de JPMorgan Chase, escribía, en una carta dirigida tan sólo a sus clientes, que se conoció porque la descubrió un periodista, que “los márgenes de beneficio han conseguido niveles que no se habían visto desde hace décadas”, y que “las reducciones de salarios y prestaciones explican la mayor parte de esta mejora”. “La compensación por el trabajo está en los Estados Unidos en la actualidad al mínimo en cincuenta años en relación tanto con las cifras de ventas de las empresas como del PIB de los Estados Unidos”.
   Otro beneficio indiscutible ha sido la disminución de sus contribuciones al sostén del estado. El peso político creciente de las empresas ha conducido a la situación paradójica de que éstas escapen a la fiscalidad por la doble vía de negociar recortes de impuestos y exenciones particulares, y de tener libertad para aflorar los beneficios en las subsidiarias que tienen en paraísos fiscales, donde apenas pagan impuestos. Un estudio de noviembre de 2011 concluye que el conjunto de las 280 mayores empresas de los Estados Unidos no han pagado en los tres años últimos más que un 18’5 % de sus beneficios. Pero es que una cuarta parte de éstas han pagado menos del 10%, y 30 de las más grandes no han pagado nada en tres años, sino que encima han recibido devoluciones. Lo que se dice de las empresas se aplica también a los empresarios: de 1985 a 2004 los 400 americanos más ricos han pasado de pagar un 29 por ciento de sus ingresos a tan sólo un 18 por ciento, mucho menos que los pequeños comerciantes o los trabajadores a sueldo. Y cuando Obama pretendió que quienes ganasen más de un millón de dólares al año pagasen el mismo tipo que el ciudadano medio norteamericano, no consiguió que el congreso aprobase la medida. Como ha dicho Stiglitz "Los ricos están usando su dinero para asegurarse medidas fiscales que les permitan hacerse aun más ricos. En lugar de invertir en tecnología o en investigación, obtienen mayores rendimientos invirtiendo en Washington”.
   Hay un tercer aspecto de estos beneficios que es la desregulación de la leyes que controlan algunos aspectos de la actividad empresarial. Un estudio reciente de dos economistas del Fondo Monetario Internacional, que han analizado el papel de las contribuciones económicas de las empresas en la política, llega a la conclusión, que les leo literalmente, de que “el gasto realizado está directamente relacionado con la posibilidad de que un legislador cambie de postura en favor de la desregulación”. Esto, que en el sector de la industria les ha permitido reducir, o incluso anular, los gastos relacionados con el control de la polución, ha tenido en la actividad financiera unas consecuencias que son las que han conducido directamente a la crisis de 2008.
   Gracias a la supresión de controles sobre sus actividades, que culminó durante la presidencia de Clinton, las entidades financieras pudieron lanzarse a un juego especulativo con derivados y otros productos de alto riesgo, que parecían más propios de un casino de juego que de la banca, mientras los dirigentes de la Reserva Federal estimulaban el optimismo de los especuladores, rebajando los tipos de interés y animando al público a que gastase, a que comprase casas con créditos hipotecarios e invirtiese en operaciones financieras de riesgo.
   Esta fiebre especuladora se producía en un país que, como resultado de su desindustrialización, estaba convirtiendo en una actividad fundamental el sector FIRE (Finance, Insurance and Real Estate; o sea Finanzas, seguros y negocio inmobiliario). Una desindustrialitzación semejante se ha producido en Gran Bretaña, que de ser “la fábrica del mundo” quiso convertirse en “el banco del mundo”, y que vive ahora con la angustia de lo que puede suceder si pierde esta gran fuente de exportación de servicios, teniendo en cuenta la situación de una economía en que “la demanda doméstica será probablemente escasa en muchos años (...), mientras los consumidores se esfuerzan en hacer frente a sus deudas y el gobierno batalla por reducir el déficit presupuestario”.
   Nuestra situación es más compleja, ya que si bien hemos perdido el tejido industrial tradicional, contamos con una considerable industria de propiedad extranjera a la que proporcionamos trabajo barato, o sea que nos ha tocado el papel de receptores de la industria que otros países más prósperos deslocalizan, y que conservaremos mientras les sigamos garantizando salarios bajos. Lo cual me mueve a preguntarme cómo se explica que, si el trabajo de nuestros obreros es poco competitivo, como se argumenta para proponerles rebajas de sueldos y derechos, Volkswagen, Ford, o Renault se vengan a fabricar coches aquí. En lo que sí nos vamos pareciendo a las economías avanzadas es en el peso dominante que ha adquirido entre nosotros el sector financiero.
   La influencia política adquirida por los empresarios explica por qué, cuando se ha producido la crisis –en Norteamérica, en Gran Bretaña o en España– el estado ha corrido a salvar las empresas financieras con rescates multimillonarios; pero no ha hecho un esfuerzo equivalente por remediar la situación de los muchos ciudadanos que pierden sus hogares, al ser incapaces de seguir pagando las hipotecas, ni por asegurar estímulos a las actividades productivas con el fin de combatir el paro.
   Lejos de ello, lo que se ha hecho, para justificar los sacrificios que se están imponiendo a la mayoría, es difundir la fábula de que la crisis económica se debe al excesivo coste de los gastos sociales del estado, y que la solución consiste en aplicar una brutal política de austeridad hasta que se acabe con el déficit del presupuesto, lo cual, como veremos, resulta imposible a partir de esta política.
   Merece la pena escuchar esta historia como la cuenta Krugman: “En el primer acto los banqueros se aprovecharon de la desregulación para lanzarse a una especulación desbordada, hinchando las burbujas con préstamos incontrolados; en el segundo las burbujas estallaron y los banqueros fueron rescatados con dinero de los contribuyentes, mientras los trabajadores sufrían las consecuencias, y en el tercero, los banqueros decidieron emplear el dinero que habían recuperado en apoyar a políticos que les prometían bajarles los impuestos y desmontar las pocas regulaciones que se habían impuesto tras la crisis”. ¿Piensan ustedes que esta es una historia exótica, que sólo puede referirse a los Estados Unidos? Pues no; nosotros también tuvimos una burbuja inmobiliaria desbordada, hinchada con los créditos que concedieron bancos y cajas de ahorro. Ahora estamos en el segundo acto, el del rescate “mientras los trabajadores sufren las consecuencias”. Nos queda el desenlace, ese tercer acto que, si no se hace algo para evitarlo, será parecido: esto es, que se recuperarán los bancos, pero no los puestos de trabajo, tal como está ocurriendo hoy en los Estados Unidos.
   Nadie ignora que la austeridad es incompatible con el crecimiento económico. Peter Radford lo sintetiza en pocas palabras: “La austeridad disminuye una economía. Es un acto de retroceso. Disminuye la demanda. Los ingresos caen. Pagar las deudas a partir de una menor cantidad de dinero significa que hay menos dinero para otros gastos. Del crecimiento se pasa a la decadencia”.
   Una revisión del pasado demuestra que la política de austeridad nunca ha funcionado y que no tiene sentido en la situación actual. Lo sostiene, por ejemplo, Richard Koo, economista jefe del Nomura Research Institute de Tokio, quien, tras haber analizado comparativamente la crisis económica de los años treinta, las décadas perdidas de Japón y la crisis actual en Estados Unidos y en la “eurozona”, concluye que:
   “Aunque evitar el gasto público exagerado es el modo adecuado de proceder cuando el sector privado de la economía está en plena forma y maximiza los beneficios, nada resulta peor que la restricción del gasto público cuando un sector privado en mal estado está reduciendo sus deudas”. Actuar sobre una economía que ahorra pero no invierte reduciendo el gasto público no hace más que agravar su situación. Koo sostiene que la crisis, que empezó en el sector inmobiliario estadounidense, sigue siendo una crisis bancaria, que ha acabado contagiando a la economía y a las cuentas públicas, y que pensar que estos problemas se resuelven “con una sobredosis de ajustes” y con reformas constitucionales “es un completo disparate”.
    Más contundente aun es la opinión que Krugman ha expresado esta misma semana: “Lo más indignante de esta tragedia es que es totalmente innecesaria. Hace medio siglo, cualquier economista (…) os podía haber dicho que austeridad en tiempos de depresión era una muy mala idea. Pero los políticos, los entendidos y, siento decirlo, muchos economistas decidieron, sobre todo por razones políticas, olvidar lo que sabían. Y millones de trabajadores están pagando el precio de su deliberada amnesia”.
   No ha sido la deuda pública la causa de la crisis de los países del sur de Europa. Un análisis de las cifras de las últimas décadas muestra que los problemas de estos países no proceden de un exceso de gasto público, sino que son una consecuencia de la propia crisis. Un análisis de la relación que ha existido entre la deuda pública y el PIB de estos países, demuestra que estuvo mejorando (esto es disminuyendo) hasta 2007. El endeudamiento posterior del estado es consecuencia de las cargas que ha asumido como consecuencia de la crisis bancaria, no de un exceso anterior de gasto público. Si leen ustedes la prensa, fijándose en los datos que ofrece y no en la doctrina que predica, verán que lo que realmente preocupa a nuestros gobernantes es cómo remediar el problema que para el sistema bancario representan las grandes inversiones inmobiliarias efectuadas en años de euforia en que estas fantasías se estaban financiando con nuestros ahorros.
   No importa que economistas galardonados con el Premio Nobel, como Stiglitz y Krugman, condenen la política de austeridad. Porque resulta que, en realidad, esta política beneficia a los mismos que han causado el desastre y favorece la continuidad de su enriquecimiento. Como dice Michael Hudson: “No hay ninguna necesidad (...) de que los dirigentes financieros de Europa impongan una depresión a la mayor parte de su población. Pero es una gran oportunidad de ganancia para los bancos, que han conseguido el control de la política económica del Banco Central Europeo (...). Una crisis de la deuda permite a la la élite financiera doméstica y a los banqueros extranjeros endeudar al resto de la sociedad”.
   Los resultados se pueden ver ya en la experiencia de Grecia, donde las medidas de austeridad impuestas por la Unión Europa y el FMI están poniendo en peligro el propio crecimiento económico, y tienen unas durísimas consecuencias sociales: los suicidios y el crimen aumentan, la masa de los nuevos pobres está integrada por jóvenes que no encuentran trabajo y por personas de media edad que han perdido el suyo, mientras faltan en los hospitales los medicamentos esenciales, incluyendo las vacunas, lo que puede conducir a que resurjan allí la poliomielitis o la difteria.
   Este comienza a ser también el caso de España, donde la prensa anuncia que el PP se propone ahorrar este año 6.000 millones en medicamentos. Como dice Peter Radford: “¡Que se lo digan a los españoles! Ellos han probado ya toda esta historia de la austeridad. Tanto que la tasa de paro es del 23%, mientras las medidas que lo han producido no han conseguido frenar el déficit público, que está a punto de superar el límite del 8% que el gobierno español se había fijado como objetivo. ¿Se imaginan lo que ocurrirá ahora? Que los españoles van a ver aumentar su sufrimiento. Están insistiendo en más austeridad para estrujar su economía cada vez más”. Y ello, añade, “para reducir un déficit que es menor que el de los Estados Unidos o el de Gran Bretaña”.
   Una reflexión adicional acerca del carácter más “empresarial” que “público” de la crisis nos la puede proporcionar una información publicada por el New York Times el 25 de diciembre pasado, que nos advierte que la crisis de los bancos europeos, que les está obligando a deshacerse de activos, crea buenas oportunidades de negocio para las empresas financieras norteamericanas que, a pesar de sus problemas, están lanzándose a comprar en Europa. En efecto, en un artículo publicado en La Vanguardia del 15 de enero pasado –y el hecho mismo de que un periódico conservador publique este tipo de análisis demuestra el desconcierto reinante entre nuestra burguesía– no sólo se explica que los fondos de inversión norteamericanos se han lanzado a comprar “gangas” europeas, como empresas y bancos devaluados por la propia política de austeridad, sino que se nos dan las razones: “La crisis bancaria europea está beneficiando a los fondos extranjeros que aguardan a las puertas de Europa”. Por una parte compran empresas que han perdido valor porque los bancos se niegan a darles crédito, a lo cual se añade que las medidas de recapitalización impuestas a los bancos les han forzado a “vender activos por un valor de billones de euros”. Wim Butler, del Citi Group, no dudó en decir en una conferencia pronunciada en Bruselas: “De aquí a unos años todos los bancos europeos pertenecerán a extranjeros”.
   Las políticas restrictivas han llegado a tal punto de irracionalidad que desde el propio Fondo Monetario Internacional se ha comenzado a advertir a los dirigentes políticos europeos: “En la medida en que los gobiernos piensan que deben responder a los mercados, pueden ser inducidos a consolidar demasiado aprisa, incluso desde el simple punto de la sostenibilidad de la deuda”. Como ustedes saben, el presidente actual de nuestro gobierno ya ha dicho, cuando se aprestaba a rendir pleitesía a la señora Merkel, que lo primero es cumplir con el deber de sanear los bancos y reducir el gasto público: los puestos de trabajo, los hospitales o las escuelas no son prioritarios.
   Hay razones que ayudan a entender la inhumanidad de este capitalismo depredador. Richard Eskow, que trabajó en un tiempo para Wall Street dice: “La gente que sufre por los efectos de los presupuestos austeros no son de la clase de los que [estos capitalistas] conocen personalmente, sino que se trata de empleados públicos, como maestros, policías, bomberos o funcionarios de programas sociales; de gente que necesita de ayudas del gobierno, como los pobres; y de otros de la clase media que han tenido la temeridad o de hacerse viejos o de sufrir una incapacidad”. En realidad los “super-ricos” no sólo se sienten ajenos a todos estos, sino que en el fondo los desprecian.
   Lo ocurrido en los últimos años en la sociedad norteamericana, que fue la primera en implantar estas reglas, nos indica la clase de futuro a que nos conduce a todos la austeridad. Dos noticias de prensa publicadas alrededor de la Navidad del año pasado ilustran sus dos caras. Sabemos, por una parte, que la “paga” de los dirigentes de las 500 mayores empresas aumentó en un 36’5 por ciento en 2010, al propio tiempo que aumentaba en 1.600.000 el número de los niños norteamericanos sin hogar, lo que representa un aumento de un 38 por ciento respecto de 2007. El año pasado, el de 2011, no ha sido tan bueno para los negocios de Wall Street; pero sabemos ya que esto no va a afectar las pagas millonarias de los dirigentes de Citigroup o de Morgan Chase, que van a cobrar más de veinte millones de dólares.
   Los empresarios son conscientes de que el aumento de la desigualdad es nefasto para el crecimiento económico, en términos globales. Como señala Robert Reich: “Con tanta parte de los ingresos y de la riqueza concentrada en los más ricos, la amplia clase media no tiene ya el poder adquisitivo necesario para comprar lo que la economía es capaz de producir (...). El resultado es la generalización del estancamiento y del paro”. Un memorándum de la Reserva Federal norteamericana de 4 de enero recuerda que el 70 por ciento de la economía nacional depende del gasto de los consumidores, y que la recuperación no será posible si no aumenta la capacidad de consumo de la clase media.
   Este planteamiento sobre el interés general no afecta sin embargo a los intereses inmediatos de los más ricos, puesto que una reducción global del crecimiento no implica una reducción simultánea de sus beneficios, que han seguido aumentando. Y se están, además, adaptando a la nueva situación, con la esperanza de obtener cada vez mayores beneficios. El 16 de octubre de 2005 Citigroup, la mayor empresa financiera del mundo, publicaba un informe con el título de Plutonomía, al que de momento se prestó poca atención, hasta que, cuando comenzó a hacerse famoso, Citigroup se preocupó de eliminarlo por completo de la red.
   El informe proponía el término “plutonomía” para designar los países en que el crecimiento económico se había visto promovido, y en gran medida consumido, por el pequeño grupo de los más ricos. Sostenía que “el encarecimiento de los activos, una participación creciente en los beneficios y el trato favorable por parte de gobiernos partidarios del mercado han permitido a los ricos prosperar y capitalizar una proporción creciente de la economía en los países de plutonomía”. Lo ilustraba con las cifras de la desigualdad de la distribución de la riqueza en los Estados Unidos, que comentaba con estas palabras: “No tenemos una opinión moral acerca de si esta desigualdad de los ingresos es buena o mala; lo que nos interesa es que es importante”. Opinaban, además, que las fuerzas que habían llevado a este aumento de la desigualdad en los veinte años últimos era probable que continuasen en los años próximos. De lo cual había que deducir que se crearía un entorno positivo para la actividad de empresas que vendiesen bienes o servicios a los ricos.
   Su conclusión final era: Hemos de preocuparnos menos de lo que el consumidor medio vaya a hacer, ya que la conducta de este consumidor es menos relevante para el agregado final, que de lo que los ricos vayan a hacer. Esta es simplemente una cuestión de matemáticas, no de moralidad, concluían.
    Y debían tener razón, porque sabemos que las empresas de bienes de lujo (o, como se dice en el negocio, de “bienes para individuos de un valor extremo”, que The Economist nos aclara que son aquellos para los que “un bolso de 8.000 dólares es una ganga”) están aumentando espectacularmente. LVMH –o sea Louis Vuitton Moët Hennessy– creció en un 13% en la primera mitad de 2011 con ventas de 10.300 millones. Una noticia publicada recientemente en la prensa nos dice que mientras la matriculación de automóviles disminuyó en su conjunto en España en el año 2011, la excepción han sido los de lujo, cuya matriculación ha aumentado en un 83’1 por ciento.
    “En algún momento –habían avisado los analistas de Citigroup– es probable que los trabajadores se opongan al aumento de beneficios de los ricos y puede haber una reacción política contra el enriquecimiento de los más acomodados”, pero “no vemos que esto esté ocurriendo, aunque hay síntomas de crecientes tensiones políticas. De todos modos mantendremos una estrecha observación de los acontecimientos”.
    La ofensiva empresarial no se limita, por otra parte, a buscar ventajas temporales, sino que aspira a una transformación permanente del sistema político. En los Estados Unidos se está tratando de dificultar el acceso al voto a amplias capas de la población que se consideran poco afines a los principios de la derecha: ancianos, minorías étnicas, pobres... En la actualidad hay en Norteamérica 12 estados que han introducido medidas restrictivas del derecho a votar (otros 26 las están gestionando), la más importante de las cuales es la exigencia de un documento de identidad como votante, para cuya obtención se exige la presentación de documentos como el carnet de conducir o la acreditación de una cuenta bancaria. No sin problemas. En julio de 2011 el documento le fue negado en Wisconsin a un joven, con el argumento de que el comprobante de su cuenta de ahorro, que presentaba como identificación, no mostraba bastante actividad reciente com para servir para esta finalidad. Más del 10 por ciento de ciudadanos norteamericanos no tienen estas identificaciones, y la proporción es todavía mayor entre sectores que normalmente votan por los demócratas, incluyendo un 18 por ciento de votantes jóvenes y un 25 % de los afroamericanos.
   Pero la amenaza a la democracia no necesita formularse con medidas legales de limitación del voto, porque el camino más efectivo es el control de los políticos por parte de la oligarquía financiera. Robert Fisk hacía recientemente una comparación entre las revueltas árabes y las protestas de los jóvenes europeos y norteamericanos en un artículo que se titulaba “Los banqueros son los dictadores de Occidente”, en que decía: “Los bancos y las agencias de evaluación se han convertido en los dictadores de occidente. Como los Mubarak y Ben Alí, creen ser los propietarios de sus países. Las elecciones que les dan el poder –a través de la cobardía y la complicidad de los gobiernos– han acabado siendo tan falsas como las que los árabes se veían obligados a repetir, década tras década, para ungir a los propietarios de su propia riqueza nacional”. Los partidos políticos, afirma Fisk, entregan el poder que han recibido de los votantes “a los bancos, los traficantes de derivados y las agencias de evaluación, respaldados por la deshonesta panda de expertos de las grandes universidades norteamericanas, (…) que mantienen la ficción de que esta es una crisis de la globalización en lugar de una trampa financiera impuesta a los votantes”.
   Michael Hudson, profesor de la Universidad de Missouri, que había sido analista y asesor en Wall Street, denuncia en un texto sobre lo que llama “la transición de Europa de la socialdemocracia a la oligarquía financiera”, los efectos de las políticas de austeridad: “Una crisis de la deuda facilita que la élite financiera doméstica y los banqueros extranjeros endeuden al resto de la sociedad (...) para apoderarse de los activos y reducir el conjunto de la población a un estado de dependencia”. A lo que añade que la clase de guerra que se extiende ahora por Europa tiene objetivos que van más allá de la economía, puesto que amenaza convertirse en una línea de separación histórica entre una época caracterizada por la esperanza y el potencial tecnológico, y una nueva era de desigualdad, a medida que una oligarquía financiera va reemplazando a los gobiernos democráticos y somete a las poblaciones a una servidumbre por deudas. El resultado es “un golpe de estado oligárquico en que los impuestos y la planificación y el control de los presupuestos están pasando a manos de unos ejecutivos nombrados por el cártel internacional de los banqueros” (no sé si será oportuno recordar que nuestro actual ministro de economía procede del sector bancario norteamericano).
   Hay un aspecto de estos problemas en el que nos conviene reflexionar. Randall Wray sostiene que la crisis norteamericana de 2008 no la causó la insolvencia de las hipotecas basura, porque su volumen no era suficiente como para haber provocado por si sólo este desastre, sino que ésta fue simplemente la chispa que desencadenó un incendio cuyas causas profundas eran el estancamiento de los salarios reales y la desigualdad creciente, que empujaban a la economía lejos de una actividad centrada en la producción hacia otra esencialmente financiera, dedicada al manejo del dinero. Lo más grave de esta interpretación –advierte– es que, dado que estas causas profundas no sólo no se han remediado, sino que son más graves ahora que en 2008, pudiera ocurrir que una chispa semejante, como la insolvencia de uno de los grandes bancos norteamericanos o un problema grave en la banca europea, volviera a iniciar una nueva crisis, tal vez peor.
   Es por esto que necesitamos evitar el error de analizar la situación que estamos viviendo en términos de una mera crisis económica –esto es, como un problema que obedece a una situación temporal, que cambiará, para volver a la normalidad, cuando se superen las circunstancias actuales–, ya que esto conduce a que aceptemos soluciones que se nos plantean como provisionales, pero que se corre el riesgo de que conduzcan a la renuncia de unos derechos sociales que después resultarán irrecuperables. Lo que se está produciendo no es una crisis más, como las que se suceden regularmente en el capitalismo, sino una transformación a largo plazo de las reglas del juego social, que hace ya cuarenta años que dura y que no se ve que haya de acabar, si no hacemos nada para lograrlo. Y que la propia crisis económica no es más que una consecuencia de la gran divergencia.
    ¿Qué hemos de hacer? Hay, evidentemente, un primer nivel de urgencia en que resulta obligado luchar por salvar los puestos de trabajo y los niveles de vida. El Banco de España se ha encargado de comunicarnos hace pocos días que lo que vamos a tener este año, y muy probablemente el siguiente, es más recesión y más de seis millones de parados. Cuesta poco imaginar la cantidad de EERE (expedientes de regulación de empleo) y de recortes que esto va a implicar, lo que nos va a obligar a muchos esfuerzos puntuales para salvar todo lo que se pueda.
   Pero lo que revela la naturaleza especial de la situación actual es el hecho de que para la generación que ahora tiene entre 20 y 30 años no va a haber ni siquiera EERE, sino una ausencia total de futuro. Y eso sólo podrá resolverse con una política que vaya más allá de la defensa inmediata de nuestras condiciones de vida, para enfrentarse a las políticas de austeridad y que, sobre todo, se proponga acabar con el gran proyecto de la divergencia social que las inspira.
   Como demostró la gran depresión de los años treinta, cuando eran muchos los que pensaban que el viejo sistema capitalista se había acabado y que el futuro era de la economía planificada por el estilo de la de la Rusia soviética, la capacidad del capitalismo para superar sus crisis y rehacerse es considerable.
   El problema inmediato al que hemos de enfrentarnos hoy no es, como algunos pensábamos hace unos años, la liquidación del capitalismo, que debe ser en todo caso un objetivo a largo plazo, porque la verdad es que no disponemos ahora de una alternativa viable que resulte aceptable para una mayoría. Y lo que no puede ser compartido con los más, por razonable que parezca, está condenado a quedar en el terreno de la utopía, que es necesaria para alimentar nuestras aspiraciones a largo plazo, pero inútil para la lucha política cotidiana.
   Lo que nos corresponde resolver con urgencia es decidir si luchamos por recuperar cuanto antes un capitalismo regulado, con el estado del bienestar incluido, como se había conseguido cuando los sindicatos y los partidos de izquierda eran interlocutores eficaces en el debate sobre la política social, o nos resignamos a seguir sufriendo bajo la garra de un capitalismo depredador y salvaje como el que se nos está imponiendo. De hecho, lo que nos proponen las políticas de austeridad es simplemente que paguemos la factura de los costes de consolidar el sistema en su situación actual, renunciando a una gran parte de las conquistas que se consiguieron en dos siglos de luchas sociales.
   No es que no haya signos esperanzadores de resistencia. No cabe duda de que las ocupaciones de plazas y las manifestaciones de protesta van a volver a brotar esta primavera, empujadas por la desesperación. Pero lo más importante es saber si la experiencia de los efectos combinados de los recortes y del aumento de las cargas servirá para devolver el sentido común a quienes dieron el voto a una derecha que prometía soluciones y se limita ahora a pedirnos sacrificios, o si sus votantes se resignarán a aceptar mansamente las consecuencias de su error.
    Pienso que es urgente, para dar sentido y coherencia a las protestas, que la izquierda –una izquierda real que nazca de más allá de la traición de la socialdemocracia de las terceras vías– elabore nuevas formas de lucha y de mejora, ahora que ya hemos aprendido que la idea de que el progreso era el motor de la historia es un engaño y que los avances para el conjunto de los hombres y las mujeres solo se han conseguido a través de las luchas colectivas. La semana pasada me pidieron en un diario de Barcelona que opinase acerca de cómo sería dentro de cinco años este capitalismo con el que nos ha tocado vivir. Y lo que respondí fue que eso dependía de nosotros: que lo que tengamos dentro de cinco años será lo que habremos merecido.
Un abrazo.