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divendres, 14 de juny de 2013

Entre la sed de poder y la disfunción eréctil

[Entrada 256]


Entre la sed de poder y la disfunción eréctil


Se nace siempre bajo el signo equivocado y vivir con dignidad significa corregir día a día el propio horóscopo.

Creo que llegamos a ser lo que nuestro padre nos ha enseñado en los ratos perdidos, cuando no se preocupaba por educarnos. Nos formamos con desechos de sabiduría. Tenía diez años y quería que mis padres me abonasen a un semanario que publicaba las obras maestras de la literatura en historietas. No por tacañería, quizá desconfiase de los tebeos, mi padre trató de escurrir el bulto. “El objetivo de esta revista”, sentencié entonces, citando el lema de la serie, porque era un chico astuto y persuasivo, “consiste básicamente en educar entreteniendo.” –Mi padre, sin levantar la vista del periódico, dijo: “El objetivo de tu revista es el mismo del de todas las revistas, vender lo más posible.”

Aquel día empecé a volverme incrédulo.

Es decir, me arrepentí de haber sido crédulo. Había sido presa de una pasión mental. Tal es la credulidad.

No es que el incrédulo no deba creer en nada. No cree en todo. Cree en una cosa cada vez, y en una segunda cuando deriva de alguna manera de la primera. Avanza como un miope, es metódico, no aventura horizontes. Dos cosas no relacionadas entre sí, creer en las dos, y con la idea de que, en algún lugar, haya una tercera, oculta, que las vincula, esto es la credulidad.

La incredulidad, lejos de excluir la curiosidad, la sostiene. Desconfiando de las cadenas de ideas, de las ideas amaba la polifonía. Basta con no creer en ellas para que dos ideas, ambas falsas, puedan chocar entre si creando un bello intervalo o un diabolus in música. No respetaba las ideas por las que otros apostaban la vida, pero dos o tres ideas que no respetaba podían formar una melodía. O un ritmo, preferentemente de jazz.

Más tarde Lia me diría:

– Tu alimento son las superficies. Cuando pareces profundo es porque ensamblas varias y creas la apariencia de un sólido: un sólido que si lo fuese no podría mantenerse en pie.

– ¿Me estás diciendo que soy superficial?

– No –había sido su respuesta–, lo que los otros llaman profundidad sólo es un tesseract, un cubo tetradimensional. Entras por un lado, sales por el otro, y está en un universo que no puede coexistir con el tuyo.

(Lia, no sé si volveré a verte, ahora que Ellos han entrado por el lado equivocado y han invadido tu mundo, y por culpa mía: les he hecho creer que existían esos abismos que su debilidad anhelaba.)

¿Qué pensaba yo en realidad hace quince años? Consciente de mi incredulidad me sentía culpable entre la multitud de los que creían. Puesto que sentía que no se equivocaban, decidí creer como quien se toma una aspirina. Daño no hace, y uno mejora.

Me encontré en medio de la Revolución, o al menos del más formidable de los simulacros que jamás se haya realizado, buscando una fe honorable. Me pareció honorable participar en las asambleas y en las manifestaciones, grité con los otros, ¡fascistas, burgueses, os quedan pocos meses!, no arrojé adoquines o canicas metálicas porque siempre he temido que los demás me hagan a mi lo que yo les hago a ellos, pero me producía una especie de excitación moral escapar por las calles del centro, cuando cargaba la policía. Regresaba a casa con la sensación de haber cumplido con algún deber. En las asambleas no lograba apasionarme por las discusiones que enfrentaban a los distintos grupos: sospechaba que sólo era cuestión de dar con la cita adecuada para pasar al campo contrario. Me divertía encontrando las citas adecuadas. Modulaba.

Puesto que en las manifestaciones, a veces, había desfilado detrás de una u otra pancarta para seguir a una chica que perturbaba mi imaginación, llegué a la conclusión de que para muchos de mis compañeros la militancia política era una experiencia sexual; y el sexo era una pasión. Yo sólo quería tener curiosidad. Es cierto que en el curso de mis lecturas sobre los templarios, y sobre las diversas atrocidades que les habían atribuido, me había topado con la afirmación de Carpócrates según la cual, para liberarnos de la tiranía de los ángeles, señores del cosmos, es necesario perpetrar toda clase de ignominias, saldando todas las deudas que hemos contraído con el universo y con nuestro cuerpo, porque sólo cometiendo todos los actos el alma puede liberarse de sus pasiones y reencontrar la pureza originaria. Mientras inventábamos el Plan descubrí que, para lograr la iluminación, muchos drogados del misterio escogen esta vía. Sin embargo, Aleister Crowley, que pasa por ser el hombre más perverso de todos los tiempos, y que por tanto hacía todo lo que podía hacer con devotos de ambos sexos, sólo tuvo, según sus biógrafos, mujeres feísimas (supongo que, a juzgar por lo que escribían, los hombres tampoco eran mejores), y me he quedado con la sospecha de que nunca haya hecho el amor con plenitud.

Quizá dependa de una relación entre la sed de poder y la impotentia coeundi. Marx me caía bien porque me parecía evidente que con su Jenny hacia el amor con alegría. Es algo que se siente en el ritmo sosegado de su prosa y en su sentido del humor. Cierta vez, en cambio, en los pasillos de la universidad, dije que a fuerza de acostarse con la Krupskaia se acaba escribiendo un libraco como Materialismo y Empiriocriticismo. Por poco me apalean, y me trataron de fascista. Lo dijo un tío alto, de bigotes a la tártara. Lo recuerdo muy bien, ahora anda con la cabeza rapada y pertenece a una comuna donde fabrican cestas.

(Umberto Eco: El Péndulo De Foucault)
He elegido este texto porque me sentí identificado con lo que dice, a pesar de la diferencia de edad entre el autor y yo. Como hice con el texto de Murakami que publiqué no hace mucho, no lo he traducido al catalán ya que solo dispongo del texto traducido al castellano y no lo tengo en su idioma original.
Un abrazo.

3 comentaris:

Encerrado ha dit...

¡Es una maravilla ese texto!

Deadviny ha dit...

TesseracT, una bandaza :)
El título me hizo recordar el capítulo de south park en el que tienen que cambiar la medida estándar del pene para que la gente no vaya a la guerra. XD

Josep Peaceforever ha dit...

@Encerrado: No sabes como que me alegra saber que te ha gustado.
– –

@Deadviny: Lo poco que he visto de South Park me parece genial. El texto de Humberto Eco también. Confieso que no conozco Tesseractband... Tendré que enmendarme.
– –

Muchas gracias por pasar y muy especialmente por el comentario.

Un abrazo.

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