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dissabte, 22 de juny de 2013

Los amos del Mundo

[Entrada 258]

Los amos del Mundo


Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o de un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como longterm capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará a usted el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo; porque siempre ganan ellos, cuando ganan, y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tiene que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder; el riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días.

Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces –¡oh, prodigio!– mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.

Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la pagan con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con sus puestos de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

Arturo Pérez Reverte (escritor y periodista)
(publicado en "El Semanal" el 15 de noviembre de 1998)


¿Un texto profético? La crisis estalló diez años después.

Un abrazo.

4 comentaris:

Damian ha dit...

como Wall street.
Siempre es asi el que pierde es el pueblo, y nos jodemos todos.
Esperemos que no llegue la crisis a Perú

Deadviny ha dit...

la culpa no es del neoliberalismo ni del libre mercado ni nada de eso.
De acuerdo en eso de que si la cagan, pues se cagan ellos y sólo ellos solos.
El liberalismo es bueno. Haciendo comparación con SO, es como Windows. Windows es bueno, sencillo, te permite hacer trampa en beneficio tuyo como en el beneficio de todos. Pero es tan permisivo que, si no te jode un virus, te jodes tú mismo metiendo la mano en las configuraciones. Pues eso

ZekYs Barriera ha dit...

Lamento decir que el texto no fue tan profético: por el 98 eso ya estaba sucediendo en el gran laboratorio de las recetas neoliberales que fue la Argentina. Por el 98 ya se conocía los resultados de semejantes políticas. Y el neoliberalismo no es como Windows, es más bien como la ley del oeste o la ley de la selva. No jodan!

Josep Peaceforever ha dit...

@Damian: A estas alturas ya no creo que os llegue, y si es así os habréis librado de una buena, sin duda.
– –

@Daedviny: Creo que te equivocas, el liberalismo no es bueno. Puede que en condiciones de laboratorio lo pueda parecer, pero el liberalismo en si mismo es perverso. La primera razón y fundamental es que tiende a eliminar la función reequilibrantre del estado (así una de sus obsesiones es reducir al mínimo los impuestos) y favorece el crecimiento de las diferèncias haciendo al rico cada vez más rico y al pobre cada vez más miserable...

Hay otras como la competencia en condiciones de absoluta desventaja entre los países ricos y los países pobres, donde acaba forzando a los países ricos a empobrecerse y no a los países pobres a enriquecerse... Forzando por ejemplo a la liquidación del bienestar de los países más desarrollados... Y podría seguir.
– –

@ZekYs Barriera: Puede que tengas razón, y que fuera fácil de predecir, así que he cambiado mi comentario final dejando este aspecto en el aire...

En lo del liberalismo estamos completamente de acuerdo.
– –

Muchas gracias por pasar y muy especialmente por el comentario.

Un abrazo.

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